miércoles, 27 de febrero de 2008

The Go! Team



ESTUDIO SOBRE COMO APROVECHAR LAS DELICIOSAS
MIGAS DE UN BANQUETE


Estoy seguro de que en los mal denominados “tachos de basura del rock” encontraríamos cosas interesantísimas. Envoltorios de letras y sonidos que algunos músicos por distraídos o dogmáticos hayan dejado pasar. Sin pensar, claro, en los recolectores, que llegarían mas tarde para revolver, para poner como suele decirse manos a la obra. Haciendo de todo este descarte pequeñas perlas y maravillas.
Porque hacia falta una banda desprejuiciada que compusiera discos desfachatados, alegres y distendidos.
Eso es The go! Team. Un emprendimiento de Brighton cuya especialidad consiste en construir formas musicales con ladrillos huérfanos, vagabundos y a veces despreciados.
Estuve a punto de dejar pasar por alto su primer álbum, con portada y contenido, algo desprolijos. Por cuestiones de velocidad, casi evito esta multiprocesadora maestra. Una batidora de ritmos y melodías muy segura de si misma. Entonces: ¿Cómo ignorarla?
Porque la diversidad de su propuesta estética la hace interesante en si misma. Hay tragos ligeros de los años 50s, 60s, 70s, 80s y 90s. Autos antiguos y deportes de escuela secundaria. Con una energía juvenil que nos sacude y que nos habla de la imposibilidad de no ser alegre durante los minutos que dura cualquiera de sus dos discos.

-¿Entonces la felicidad estaría compuesta por un estadio sonoro edificado con cientos de miles de pedacitos?
-Mas o menos… Mejor diría, que por un exquisito budín ingles
repleto de sobras.
-¡Entiendo! Harina de trigo derramada, azúcar secuestrada por las hormigas, pasas de uva escondidas debajo de la mesada…
- Mejor conseguí algo para sonar. Así te sacas todas las dudas


Así llega. Veloz. Como una remembranza del viejo cine de Hollywood, trivial, pero al que sin duda volvemos, cuando el papel de eruditos nos ha cansado hasta el hartazgo. Porque para divertirnos, esta demasiado claro que no necesitamos de los postulados ni de Michel Foucalt, ni de Jean Paul Sartre.
A los curiosos tal vez les convendría empezar a hurgar en los trabajos de Petula Clark, The Flares, The Bobby Fuller four, The Shirelles, The Rockey Fellers, The Isley Brothers, The Drifters, Gimmy Gilmer, en fin, de ahí en adelante. Prefiero buscar aunque no encuentre nada.


Caramelo múltiple

El servicio meteorológico pronostica para la apertura de Thunder, Lightning, Strike (2004), un viento eléctrico arrasador, contundente, con armónicas muy narrativas para el caso. El disco es un trébol liquido de cuatro hojas que nos sorprende en una esquina cualquiera, con su ensamblaje instrumental emotivo y jocoso.
Un álbum definitivamente joven, con el vigor necesario de una carrera en el tiempo sin bandera de largada. Los Go! Team nos ofrecen, entonces, una muestra gratis de música gimnasta, acróbata, motriz, de salto en largo.


-¡Como unos Tecnotronic que recién no se han levantado!
-Mmmm, no se que decir...


Luz, mucha luz. ¡Ya!. El hecho de que Thunder… sea casi instrumental le otorga cierta legitimidad como banda de sonido de secuencias fílmicas retro, pero muy avanzadas en su tiempo. La instrumentación aparece aquí como voz cantante y la voz solo como acompañante. Casi adquiriendo un papel de reparto.
Ladyflash musicaliza una escena que conjuga liviandad con solemnidad, diversión con tristeza, tecnología con precariedad. Avanzo. Hay scratchs y pistas tecno, simulación de violines, flautas…
Este el es el resultado, un pantallazo de la arquitectura sonora de la banda. Yeah. Yeah, yeah, cantan las chicas.
Sigo revolviendo en el tacho. ¡Cuantos desperdicios!
Meto la mano hasta el fondo… y allí rescato Feelgood my numbers. Alguien me dice que utilice este hallazgo como canción de despedida. Nos fuimos, nos vamos, pero volveremos con una carga subjetiva-sentimental muy fuerte.
Quien en este momento se encuentre nadando en las profundidades del Atlántico, puede encontrar en Bottle Rocket a un aliado ideal para el buen ánimo. Porque en cuestión de segundos, surge una pista giratoria, justo cuando algunas personas han empezado a bostezar en algún típico festejo de viejos compañeros de escuela.

-Encontré esto… ¿Te sirve?
-A ver

Tengo un cántico de abeja sostenido y amplificado. No puedo saltar más alto, ni sacudir tanto la sangre del cuerpo. Es Huddle formation. Sí. Un mapa genético de la emotividad y efervescencia. Representa, en algún sentido, la ilusión de jóvenes que recién han comenzado ha proyectarse en campo del arte.

- Me parece que te estas equivocando.
-Puede ser, es solo un punto de vista.
- Yo la propondría, en cambio, como un pasaporte feliz a Swingning London valido por 40 años.
-¿Eh?

Se cierra la puerta y nos encontramos con una congregación de viejos sabios que pasan álbum a toda su vida en el campo.


-¿A que adivino? Un destello country. Es… Everyone’s A.V.I.P to someone
-¡Estas en lo cierto!
-¿Qué paso con Get together?
- Casi se esfumo por la impaciencia. Creo que todavía sigue estando en esa pradera urbana con Hammelin presente.


Desanimadversion o alegría que recién llego en helicoptero

Por una cuestión casi lógica siempre los segundos álbumes, son más esperados que los primeros.
Proof of you (2007) continua con la búsqueda iniciada en Thunder, Ligthnin, strike. Retrotraimiento y diversión para un sonido que inunda cualquier plataforma de baile. Espuma de afeitar, porras y guirnaldas volando ágilmente por el cielo de la banda.
La formula mágica tiene un solo propósito. El de sacudir y conmover a quienes opten por reproducir el disco en momentos de ocio o esparcimiento.

-¿Lo dicho donde esta?
-No se… ¡Hay vacas en tu techo!

Proof of you, instala una rutina de movimientos circulares hacia ambos lados, sin que sea necesario asistir al gimnasio. Volvemos a ingresar, entonces, a la cancha para festejar la energía que nos contagia. Es un partido de básquet o de fútbol americano. No estamos en el Monumental, ni en la Bombonera. Tampoco en Brighton, Inglaterra. Estamos dentro de un fotograma de los años 50 o 60. Puede que también sea de los años 70.
El partido otra vez vuelve a ser ganado por una diferencia muy grande. Se ve que el rock de la beneficencia ha sido de nuevo muy generoso.
O mejor dicho, es eso otro. ¡Si!. La audacia de los recolectores para dar forma a este segundo trabajo tan esperado.
Grip like a vice arranca con unas guitarras muy Gang of four, para tomar de inmediato un rumbo inesperado. Hay aquí trompetas que se dedican a dar la bienvenida a los atletas victoriosos.

-¿Tenés hambre?
-¿…?


El platillo de entrada a veces cambia de orden. Como si empezáramos primero por el postre para seguir luego con la cena o almuerzo.
El chispazo singular de Proof of you, es sin dudas, Doing it rigth.
Propongo Fake id como plato principal. Una tentadora porción-resto de lomo ahumado, aderezado con pickles y Pixies de oferta, comprados en el mercado central el día anterior.
¡Uhhhh!. Increíble la fuerza y optimismo de Titanic vandalism y The wracht of Marcie.
Improviso algunos movimientos. No puedo contener la sonrisa.
En el entretiempo, en cambio, se escucha por los parlantes del estadio, My World. Tema instrumental introspectivo, porque ahora es necesario recargar las baterías.
Y bueno, que mejor cierre para un regreso triunfal que terminar en algún restaurante de sobras, haciendo toda clase de sonidos con tenedores y copas viejos.
¡Es hora de celebrar!
¡Un brindis hilarante!, dice Patricia’s moving Picture.
Pasa el camión de la basura. Escuchar a The go! Team es una experiencia muy peculiar y gratificante. Similar a caminar en pleno verano por calle Corrientes, y caer de improviso en una pileta de competición, cubierta de soda fría… extra burbujeante.


jueves, 24 de enero de 2008

The Magnetic Fields



EL ULTIMO QUE LLEGA PRENDE LA LUZ

Hace algunos años escuche hablar de un tal Merrit. De su inagotable capacidad creadora. De sus múltiples y multanimes bandas. Era obvio. Su nombre no paraba de circular en el (in) visible mundo de la música.
The Magnetic Fields parece trabajar sobre un estado de la oscuridad fluorescente, casi luminoso. En algunos casos transforma la angustia y las tribulaciones del hombre, en pura bondad, manifiesta a través de las canciones.
La impresión inicial es desconcertante porque estamos frente a un microcosmos sonoro insospechable.
La singularidad de los discos nos aparta del espacio y tiempo actuales, para transportarnos a un campo anacrónico.
No seria tan desatinado decir que Los campos magnéticos, es un grupo amnésico de sus contemporáneos. Por eso no sabemos en que lugar de la historia ubicarlo. Porque Sthepen Merrit traza su propio espacio paralelo.
Su voz carga por un lado con un bagaje de monotonía y retraimiento que la convierten en una manifestación semi-automática. Fácilmente podría ser un actor de Robert Bresson, que en vez de actuar, despojado de toda experiencia dramática, cantara. Por otra parte y casi rozando el límite de la contradicción, tenemos a un Merrit que se vuelve más lírico y expresivo, con una teatralidad a cuestas que subraya el lado más kistch de la banda.
Por su variedad de componentes, con sonidos viejos superpuestos provenientes de sintetizadores llenos de polvo, puede resultar tan barroca y atractiva como una porción de torta húngara.
Y al final, después de todo, The Magnetic Fields nos deja una puerta abierta, un silbido de confianza. Porque con su tímida alegría no logra que desaparezca la angustia. Pero si nos incita a buscar en nosotros mismos para saber como evitarla.

Es la primera vez que vengo a esta playa

(…) Primero quedamos en que Holiday iba a estar listo en una semana. Cuando llego la hora…

-El ploglama lento, lento… no responde- me decía el chino de vestimenta occidental que había instalado el cyber en diagonal 80.
- ¿En diez o quince días le parece?
- Palece, palece… no entende.
- El disco de Magnetic fields ¿se acuerda?
- Ahh, malnetic, si (el olor a incienso me estaba quemando los pulmones)

Pasaron los días y la agilidad tecnológica oriental comenzaba a desmitificarse.

-¿No esta? Bueno…
- Ploglama lento, lento
- El Tao, el Tao, Lao Tse (ahora me entiende) Chau nos vemos -le digo-.

Hasta que di con el sitio indicado pasaron algunos días. ¿El lugar? Un sombrío espacio de alfombras deshechas ubicado en calle 56. Cualquier disco por extraño que sea, podía ser bajado allí a un módico precio.

Que bueno es volver a los años ’20 sin moverse del lugar, sin salir de la vieja poltrona. BBC Radiophonic Workshop es puro sonido. Arranca Holiday con una introducción-cóctel para una Josephine Baker computarizada.
A ver. Existen dos tipos de rarezas musicales. Aquellas que, por decirlo de algún modo, viven dentro de un ecosistema determinado y las que sobreviven fuera. Strange powers, al igual que su video, parece pertenecer a la segunda porque te deja sin reacción, perplejo.
La cuestión del Quid.
Desert island suena como si estuviera tocada en vivo y con desperfectos en los cables, en el tablero, en los instrumentos. O como si la escucharas desde una terraza ubicada a media cuadra del teatro en donde los magnéticos están rodando. Un efecto bullicioso, una meseta confusa para una melodía adhesiva y tonificante.
Nueva York y Londres se unen para dar vida a dos temas tapizados con algodones similares a nubes naranjas, azules y verdes. Una panorámica especial para cuando atardece y un robot tan sensible como la región del imán que atrae a las partículas de hierro. Las magnetitas son Tom green velvet eyes y The flowers she sent and the flowers she say she sent.
Encontré en un bolsón tres tapes y un par de polainas con perfume de los años ’80. Arriba del escenario un grupo de gimnastas, recrean Deep sea diving suit y Swingin London, animados por el espíritu, porque no, de Luigi Pirandello.
Holiday (1993) siempre nos hace volver para deleitarnos con “Poderes extraños”. Casi de la misma forma en que The pleasure of principle (1979) de Gary Numan, nos arrastraría para pegarnos a Cars. Aunque después nos demos cuenta de que hay mas fruta abrillantada detrás de estas canciones poderosas.


Nada mejor que un par de zancos

No hay hormigas en el postre. Con Get lost (1995) Merrit parece haber cruzado la gran agua. El disco es elegido por la crítica especializada como la mejor producción independiente de ese año.
Las canciones están más pulidas, mejor codificadas. Digamos que podría ser la mejor carta de presentación de grupo (un sonido más limpio, con más aire, aire plumífero). Hay un guiño sutil hacia el público, una mirada cómplice. Por eso entramos sin inconvenientes a la fiesta (parece que ahora estamos anotados en la lista de invitados).
Si querés ser famoso y experimentar el trajín diario de una estrella del under, subite a Famous. La parada y el destino corren por tu cuenta.
Ayer se produjo un aterrizaje voluntario en la luna para experimentar el néctar de la creación, después de haber concretado un proyecto que comenzó siendo algo difuso.

- “Con destino a la tierra parte del anden numero 5…”

Una azafata ¿francesa? Nos recuerda que la estadía en la grandiosa estrella ha finalizado.

-Ya subo, un minuto más…
-Smoke and Mirrors, me dice.


Justo ahí, como si no tuviera control de mi cuerpo, experimento una ascensión muy especial. En medio de espirales de varios colores, veo como una cantidad tonélica de papel picado (Plateado) va cayendo desde la boca de algún planeta, ubicado por encima de mi cabeza.

¡Canción cenit!
Claro que lo es.
Anoto en una libretita de 50 centavos Save the secret for the moon. Hago movimientos con los brazos. Son las 4 a.m. Estoy flotando.

Cuando una hélice se enciende, es verano y el mono fásico trepa por las lianas.

-¿A sí?
-Claro, respondo. No ve que esta sonando Love ligther than air.
-Yo no escucho nada.

… y yo me impregno de una alegría triste, fluorescente.

Me olvide algo. ¿eh? Si. En 1993 la banda edita un disco mortecino, críptico.
Su nombre es The charm of the highway strip. Es el primer Road álbum que haya conocido hasta el momento.
Hay algo que me hace pensar en una conexión con el film Carretera perdida de David Lynch. No se.
Durante cada canción percibo algunos destellos. Rapidísimos. Y otra vez a oscuras. Son las luces delanteras de los vehículos que pasan a más de 200 Km. por hora.
¿Qué mas queda?. Reparar en pequeñas obras maestras como Lonely highway, Born in a train, I have the moon y Two characters in search of a country song. Distintos poblados intermedios, distintas ciudades. “Los autos sufren cuando los días cuajan”, susurro al volante.


Botiquín

Alguna vez dije que el disco triple 69 love songs (2000), me parecía el mejor trabajo de la historia de la música.

-¿No le parece a usted demasiado exagerado?
-Mmm, no. Todavía lo sigo sosteniendo señor antifaz.

En las sesenta y nueve posibilidades del amor no se registra ninguna similitud, excepto una única palabra. Cuatro letras. Porque para el asombro de todos nosotros, cada canción es muy distinta de la otra.
La genialidad en la cúspide. La independencia siempre va pegada a la imaginación.


- ¿Qué hacer ante un disco tan voluminoso?
- Meter todos los temas en una bolsa de consorcio y sacar algunos al azar (falso).


El sentido folklore de Absolutely cuckoo es la bolilla A del volumen 1. Una tarde de campo con empanadas criollas y un baile con pañuelos blancos al aire para cualquier feriado. Es un homenaje de Merrit a la patria gaucha.
Me gustaría hacer el ridículo en un bar, disfrazado de vaquero culto con botas texanas color naranja. Pasos a la izquierda y a la derecha. Movimientos muy ocurrentes (para la carcajada o para un capitulo de La risa de Bergson). El ticket se vende con la leyenda A chiken with its head cut off o The luckiest guy on the lower east side. Las entradas están en venta en todas las boleterias.

Fido, your leash is too long, reproduce el sonido kinético de un dedo mojado refregado sobre el vidrio. Hasta Hammelin sin su flauta encanta y hace mover a las serpientes.
Creo que se puede ser tan melodramático como la interpretación de Roses, aunque muy pocos puedan permitirse ese lujo en un álbum tan lujoso. Así arranca el volumen 2, con lágrimas infames y haciendo caer los dientes permanentes de quien decida cantar este tema.
Siempre al borde del ridículo, ingreso a un boliche con sillones triangulares de jackard que rodean la pista. Allí me muevo con Long forgotten fayretale. Todos se ríen. Yo aplaudo.

- ¡Así se habla!
- ¿Tenés hambre?


Comí un pastel de membrillo para alegrar la tarde y no hubo caso. Quise cambiar de animo con The sun goes down and the world goes dancing… y casi lo logro.

Bolilla A del volumen 3. Ahora soy yo el que dice ¡No entende! Tanta delicadeza para una canción tan respira y como si fuera poco, cantada parcialmente en francés.
Me sigo sorprendiendo.
Me sorprende Underwear.

¿Qué les parecería un electro-reggae del altiplano? (con gorritos coya y todo, los que no tienen pompón). Me mareo pero no importa la altura porque todo confluye en un ambiente de extrema tranquilidad. It's A Crime.
Prosigo con la bolilla C. Es un tema ideal de bajos lingüistas colmado de signos crispados. Las cuatro cuerdas cobran protagonismo en The death of Ferdinand De Saussure.
Escribo con mayúsculas Meaningless mientras me deleito con la melancolía de algún lugar lejano. Yeah! Oh, yeah, cantan a duo Claudia Gonson y Stephen Merrit.

69 love songs. Cosas que dice esta gente.
69 love songs. Un alfajor guiness con tres tapas de hojaldre.



-¿Hace falta que digas todo esto?
-No. Es simplemente un vicio.
-¿Qué te puedo decir?


Podes ser atraído o repelido por la banda, depende de que tipo de metal seas.


domingo, 23 de diciembre de 2007

Clap your hands say yeah!



PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP

Investigadores de una prestigiosa universidad, determinaron que los caminos de la independencia musical suelen ser de los más ingratos.
También señalaron que la escasez de recursos, la falta de un dispositivo de promoción diseñado en exclusivo para llegar a una audiencia de masas, sumado a la falta de creatividad de estos músicos (del costado del camino), son los principales motivos por cuales nunca podrán alcanzar la fama y el prestigio.
Además…
-¡Momento!
-El ingenio y el ímpetu de la juventud, siempre será un recurso renovable.

En este sentido, la banda neoyorkina Clap your hands say yeah! Supo ver en la tecnología un arma de resistencia cultural, contra los grandes e inalcanzables sellos discográficos. Todo esto mediante el patrocinio de numerosos blogs, junto con la posibilidad de descargar el disco debut gratis, antes de que sea editado por V2 Records.
Y si… porque a fin de cuentas, bajar discos no es más que una de las tantas formas de acceso y democratización de la cultura.


Tostada crocante sabor naranja

Clap your hands say yeah! (2005), disco homónimo del grupo, se destaca por su honestidad, por su corte directo. Una avalancha de canciones pegadizas, digeribles, de fácil absorción, como la pasta. La ingenuidad y la simpleza del inicio.
Pero por la consistencia del álbum, podría anotarse en la pizarra del bowling algo así como doce bolos al suelo.
¡Bienvenidos al circo más extravagante del mundo! Decenas de malabaristas a bordo de una furgoneta sublingual, domadores domados por tigres de bengala (de peluche y a cuerda). Todos sobre una manta persa de voces sesgadas por el gospel.
¡Si, señores!
El mono baila aunque no le paguen.
Comienza el disco escurriendo energía por todos lados. ¡Bienvenidos! (parece querer decir)
Clap your hands! Primera función. Clap, clap. Orbita y desorbita.
En la olla que haya recomiendo buscar Let the cool goddes rust away y rememorar el don vocal del legendario Tom Verlaine de Televisión. Saltarín impulso de una pandereta.
Por la puerta de entrada nos llega Over and over again, con cristales a pique subiendo del mar al cielo (mar bueno, bandera azul, creo).
¿Y si alguien te vendiera a mitad de precio un dosificador de gotitas oftalmológicas?
Pagaría en efectivo para que sonara la sensible Details of the war. Los ojos rojos. Para lagrimear a escondidas, claro. (Detalle contemporáneo). Es un registro documental del campo bélico, traducido a notas musicales.
Para cualquier cumpleaños o aniversario se podría volver a regalar la clásica cajita musical, con una bailarina girando y luciendo un vestido confeccionado con forma de árbol navideño. Dando vueltas,claro, alrededor de Sunshine and clouds and everything proud.

-¡La visión es sonido!


La pequeña tristeza que nos ha dejado instalada In this home on ice, se desintegra con un inquieto ska de oro 24 kilates, que se vende en joyerías exclusivas y cuya marca es Upon this tidal wave of young blood.


Algunas cabelleras no necesitan peinado

El segundo trabajo, Some loud thunder (2007) propone una estética desprolija, cuidadosamente elaborada. Es, por cierto, un álbum de estudio más experimental, retórico. De modo que se hace necesario indagar en las múltiples escuchas, para poder correr el velo misterioso que lo envuelve, para poder atrapar algunos de sus sentidos.
Entonces pasamos de un disco enérgico, juvenil, a la confección de un Some loud... con sonido precario en apariencia, con algunas frituras e imperfecciones.
El nuevo álbum se singulariza por la no-ansiedad, por ser en alguna medida, impasible. Por trabajar para la música en si misma, para ahondar en su lenguaje, en sus modos de comunicación. Un cocinero desprevenido diría que los temas no están al dente. Un critico en cambio, que la hornalla siguió prendida, para lograr un pegoteo sorprendente de las canciones.
Transmitida por amplitud modulada, la canción que abre Some... conjuga la cinética con el relajo. O sea para bailar con un vaso en la mano.
También vi una pintada. Ahí decía que Emily jean stock sorteaba un par de entradas para volar en parapente.
No dejo de poner atención en las geniales intervenciones de la batería, a veces, intempestiva.

-Esperen un poco, ¡Todavía no!

Some Loud Thunder (2007) incluye arreglos con su aporte de extrañeza, adornos psicodélicos (me suena la palabra) a diferencia del primer disco. Hay coros beatlescos en algunos momentos, y hasta un acordeón que reparte sutiles aires balcánicos.
¡Impresionante! Encandilan también, Love song no. 7, Upon encountering the crippled elefhant y Underwater (you and me).

-¿Suena más ingles?
-No se.

¡Ahora si! Aplausos...
Cualquier diferencia con la realidad no es pura coincidencia.
¡Felices fiestas!

jueves, 22 de noviembre de 2007

Architecture in Helsinki



EL JUEGO MINERAL DE LOS CANGUROS

Podría caminar sonámbulo por las calles de la capital finlandesa, para tratar de comprender el lenguaje de las distintas formas arquitectónicas, y saber, entonces, cuales fueron las fuentes de inspiración de la banda. Podría hacerlo durante horas. Pero no. Todo esfuerzo seria en vano. Porque este sexteto no tiene nada que ver, al menos en apariencia, con las costumbres, con la cultura de los países nórdicos.
Me convendría, en cambio, empezar a buscar por Melbourne, Australia. El lugar de origen de estos jóvenes innovadores de la música de los últimos años.
En principio no fue tanto el sonido lo que me atrapo, sino más bien el nombre: ¿Yo? Un etimólogo del viento envasado al vacío.
Cuando fui a comprar algo del grupo a una disquería del centro, me miraron con cara de:

- Disculpe señor usted debe estar buscando un manual de arquitectura escandinava. Siga por calle siete, derechito. Le recuerdo que acá solo se venden discos.

Por un motivo que creo no desconocer, me parecería adecuado hacer referencia al titulo del cuento "Viaje a la semilla" de Alejo Carpentier, para tratar de descubrir la esencia de estos músicos que solo tienen en su haber solo dos títulos (ahora son tres).
Me gustaría que se les prestara atención, porque quizás ya estén haciendo historia, sin saberlo.
El retorno al origen, su carácter primigenio, tiene que ver con un tipo de regresión a la infancia.
Algunas palabras surgidas por asociación libre:
Dada, minimalismo, cubismo, transparencia, ¿Sobriedad?, Oriente, Occidente, juntos.
En cuanto a la música en particular, los Architecture sobresalen por una alegre inclusión de la electrónica, por sobre instrumentos de base perceptiblemente analógicos. Una gran fabrica de juguetes, fortificada con proteínas, vitaminas y minerales.
Limpieza de oídos a domicilio.
Cuando escuchamos los discos, nos queda la impresión de que cada sonido esta puesto en el lugar justo. No hay sobreabundancia, ni demasiadas superposiciones que generen distorsión, confusión (a pesar de la variedad de los instrumentos)
¡Los Arquitectura en Helsinki son definitivamente un grupo antiniebla revestido de inocencia!

Vuelo Lacio

Fingers Crossed (2004) comprende un paisaje de armonías que conducen a un estado prenatal, endógeno. Aquí, hay una clara alusión a la estética oriental de chinos y japoneses y en especial al anime, o sea a los dibujitos no desanimados.
En este vuelco interno predomina la tranquilidad y la suavidad de las voces. Con coros pensados para acompañar la fluidez, la métrica sencilla, en general, de las canciones. Nunca se me hubiera ocurrido inaugurar Dedos cruzados con un piano y un pegadizo sintetizador de los años 80, secundado por aplausos rítmicos, bocinas y panderetas. Entonces pienso en One heavy Frebuary como una nube movediza de autitos de colección desodorados. También hay lugar para un charlestón bailado en cámara lenta, mientras cae una llovizna de visones de juguete, numerados con nombre y apellido. Esto es Scissor paper rock.
Toc-Toc. Un toc-toc antológico puede ser escuchado en Spring 2008 a modo de anticipo. A esta altura estoy tirado en un Chaise Longue haciendo malabares con rombos tornasolados. De nuevo hay destellos de una impronta japonesa.
De repente las puertas de la juguetería se abren e improvisamos con sonidos de voces, burbujas y chistidos. Una canción para niños que de manera intempestiva, deciden participar del emprendimiento. The owls go dice el cartel luminoso de este negocio (infante) que se reabre.
En Vanishing aparecen las contracciones. Es menester inhalar y exhalar porque se anuncia el parto. Luz que será representada dos años después con In case we die (2006).


Retrato de notas musicales que no juegan al rugby

El segundo disco es una inequívoca propuesta de educación orquestal, de coordinación, de ensamble. De este modo estamos ante la presencia de un estadío que supera al anterior. Delineando una zona de natalidad, de expulsión. Un trabajo exógeno que celebra el nacimiento. ¡Y que mejor manera de hacerlo que llevando a cabo una fiesta!
¡Alegría! ¡El recién nacido ya asoma la cabeza!
En Nevereverdid las campanas de una iglesia señalan el comienzo de la liturgia australiana. Una cantante lírica y un soprano intentan despistarnos, dando muestras de pura ortodoxia. Pero de a poco el clima va tomando otra temperatura, hasta adquirir la euforia de chicos embadurnados con crema pastelera.
Para bailar no queda otra que adosarse a It’s 5, poseedora de una dinámica casi matemática para la pista. Lo mismo sucede con Do the whirlwind. Parece que a los australianos les gusto esto del pasito escalonado en la zona de baile.
¿Quién no desearía ser elegido para entrar a un cartoon a través de la pantalla de la teve? Los tocados por la varita son una patota de niños que corean Tiny painting con jocosidad, pero sin perder su costado mas cercano a las vísceras.
¡Atentos! Estén listos para ser atrapados por la epopeya oculta en In case we die (part1-4).
Y si. Estos pibes parece que todo pueden hacerlo. Hasta componer un reggae en un paisaje glacial rebozado de pureza e interpretarlo, probablemente, en un Bungalow de la costa de la isla de los canguros. Con un gran salto. En una bolsa pegajosa llamada Rendesvous potrero hill.
Escuchar a los Architecture, es como tomar un vaso fresco de agua mineral y quedar totalmente embriagado.
¿Digresivo?
Mmm…
¡Picollo mondo!
Alguien dijo algo así como que “La arquitectura es poesía congelada”

jueves, 25 de octubre de 2007

Ratatat


MEMORIAS DEL SWING ONDULADO
Propongo para esta nota, comenzar con el recurso de la opción múltiple. Podría ser el titulo de una película paródica de gansters, ambientada en los años 20. La ley seca y todo eso.
También un programa de música moderna orientada a las prácticas percusivas. O tan solo el sonido que produce al caer sobre un cajón, la cosecha anual de frutillas celestes.
Pero sería cómico optar en forma apresurada por una de estas tres variantes. Por eso creo conveniente agregar una cuarta.
Dúo neoyorkino dispuesto a pasar tres o cuatro veces la masa candeal del ritmo por la amasadora.
Hasta el felino tuvo una chanceReconozco que primero fui por la escucha de Classics (2006) y que luego, como de costumbre, me lancé a la búsqueda de Ratatat (2004), el primer álbum de la banda. Cuando di con el principio, aunque en parte me sentí decepcionado, note los beneficios de la evolución creadora. Porque con Classics, los Ratatat han ganado una lucha libre, librada contra si mismos.
El disco debut en cambio parecería ser un ejercicio de estilo, en donde el funcionamiento de la voz, da la sensación en todo momento de ser eventual.
¿Por qué esta apreciación?
Precisamente porque el sucesor, es un trabajo instrumental casi en su totalidad. Y digo casi, porque en un solo tema, aparece de fondo, el grito de un tigre, que hace honor a la portada del disco.
La fonética en contraposición a la opera prima, parece aquí no tener lugar. Y sin lugar a dudas que es un gran salto, porque esta vuelta de tuerca hace que Classics se convierta en un gran acierto.
Podríamos decir, que Ratatat trasciende el concepto de música electrónica, por sus relieves novedosos, en los que también hay lugar para sonidos tradicionales.
Quien ponga sobre la mesa los dos trabajos, notara las marchas y contramarchas, los atajos y las demoras a los que se han debido volcar. Hasta me animaría a decir que parecería estar escuchando dos bandas distintas. Aunque el germen singular permanezca escondido desde la primera hora.
Rapel y escalada. Escalada y rapel para los norteamericanos.
Seedí enmarcado (con paspartú)
Es necesario decir que Classics es un álbum sorprendente, que no nos quita la ilusión de lo peculiar, una vez que ha sobrevolado los rascacielos.
Para Montanita es fácil reproducir sonidos de medio oriente. Acampar durante la noche y una vez que el sol ha salido, realizar bañado en transpiración, una caminata por el desierto.
¡Ojo! También podría tratarse de una expedición por las fronteras de México y Estados Unidos. Huelo a salsa. Soy vehemente y digo que siento olorcito a condimentos Calexicanos. El final pletórico de danzas árabes. Por supuesto con odaliscas allí presentes. Un auricular diferente para los oídos.
Lex aporta su genialidad mediante una percusión digital con aires funky, sobre guitarras dispuestas a hacer chillar sofisticadamente sus cuerdas.
Comienza un impulso locomotor que se vera plasmado mas adelante en Wild cat. Porque la inmovilidad desaparece para dar por sentado que ya es hora de bailar como un payaso. Ambientaciones hip-hop, funks con hi-hat y bajo inquieto en el escenario.
Mientras tanto Kennedy, se muestra como una buena combinación de música configurada en los sótanos del Bronx. Con mucho, muchísimo humo de tabaco.
¡El swing! El swing no es algo que se venda en un supermercado. Por eso Wild cat lo deja adquirir cuerpo, hacerse materia, imperceptible a la vista, sobre el rugido de un felino. ¡Una peluca afro ya! Quizás pueda usarse también en tramos de Loud pipes.
Tropicana, de pliegues cinematográficos, no deja de ofrecernos una serie de impresiones. Por ejemplo, la epopeya diaria de una vagabundo por las calles de la gran manzana (extrañado de todo lo que sucede a su alrededor).
Cuando se esfuma Classics, paso a través de una esterilla y escucho un ruido.
Ratatat. Siempre tuve predilección por el uso de onomatopeyas.

martes, 25 de septiembre de 2007

The Flaming Lips



LOS MUNDOS IMAGINARIOS

Cuando escuché Rice for the price de Los Flaming Lips, me di cuenta de que alguien ya había pateado el tablero de mando. Casi en secreto. Pero había sido sacudido al fin.
Rice... se presentaba como una canción curiosa, atemporal, en donde la voz del cantante se mezclaba con un sampler que daba la impresión de sonar como si fuera un disco rayado.
Primero: me extrañó esta estética de la imperfección, que entre los principios inconscientes de la banda, parecía funcionar mas como una virtud que como un defecto.
Segundo: Los Labios Ardientes eran portadores de una ingeniería poética pocas veces vista.
Descubrí al grupo por azar, en un canal de cable. Derrapaba una puesta en escena más que llamativa.

- ¿Quién será el que se disfrazó de conejo?
- No se, no me molestes por favor, ¿Eh?

Estaban todos sobre el escenario. Era Canadá, creo. Me pareció ver esa hojita roja en algún lado. De fondo una música de lirismo apocalíptico, precalentaba a los empatizantes para dar comienzo al Dreamshow.
Así fue como detecte a Wayne Coyne con una maquina de aire comprimido, inflando un globo kilometrico relleno de confeti.
La realidad se preparaba para reventar multiplicada en un millón de papelitos. Estábamos por ingresar al mundo de la fantasía, escapando elegantemente del mundo de lo real.
En la palestra una serie de personajes provenientes, quizás, de alguna novela de Lewis Carroll, saltaban y se movían, magnetizados por la cadencia del tema en cuestión.
Esta es la pequeña historia. Una simple anécdota para empezar a recolectar casi todos los discos de la banda.

- ¿De Oklahoma?
- Si. Del mismo lugar.

Ando en frac

Con la salida del álbum The soft bulletin, el publico de flaming lips, comenzó a ampliarse en forma significativa, aunque sin llegar nunca a alcanzar la masividad. El trabajo podría definirse como un experimento multidireccional, como la versión orquestal de las Fabulas de Esopo.
Aparte de Rice..., con su extraña anacronía, el trabajo contiene otras novedades como The spark that bled, canción finamente gasificada y de llamativas aplicaciones a cargo del baterista.
Waiting for superman es el momento utópico del Boletín. Un cierre propicio para la reflexión. La maquina se apaga. Vuelve a sonar…
¿Qué hacen los Flaming Lips?
En su amplia discografía hay coordenadas de rock, punk, pospunk, dream pop, nueva psicodelia, noise pop... en fin, ingredientes ideales para desorientar a cualquier crítico o escucha.
Cuando Yoshimi battles the pink robots comenzó a girar en el acicalado tocadiscos (???), lo primero que hice, fue esbozar una sonrisa. Imagínense a una niña japonesa, dispuesta a librar batalla contra una serie de invasores, en forma de robots rosas.
Más tarde, descubriría que la excelencia del disco, no era una mera contingencia, sino que era producto de una serie de transformaciones a lo largo de más de 20 años de carrera.

- El aprendizaje y la paciencia.
- Eso mismo.

Una banda que atravesó por muchos estilos y que fue reinventándose, derribando todas las estructuras musicales.
¿Qué decir de Yoshimi?
¿Acaso que con este disco la banda podría erigirse como la quintaesencia del rock?

Rosa robot

El inicio da paso a Figth test, que refiere de manera indefectible, a una famosa composición del otrora llamado Cat Stevens. Pero lejos de las comparaciones, Los Labios nos sorprenden con una canción emocionante hasta el hartazgo. Delicada y rustica en iguales proporciones, augura un panorama superlativo, asombroso.
Yoshimi... pte.1 es la carta de presentación, con una edulcoración más que acertada. Yoshimi... pte2, en cambio, una alegoria sonora de ciertas determinaciones bélicas.
El disco podría encuadrar fácilmente en la categoría de aquellos que no se agotan con una sola escucha. Siempre hay algo nuevo por descubrir, porque la “zona de baño” cada vez que se pone en marcha el reproductor, nunca esta ubicada en el mismo sitio.
Planear por el aire con voz nostálgica y adormecida, solo puede permitírtelo In the morning of the magicians, para luego producir un descenso abisal con Are you hipnotist??? de fondo.
Puede que sea demasiado exagerado decir que Do you realice? esconde el secreto de la vida. Pero la verdad es que estoy casi convencido de eso.
Yoshimi battles the pink robots es de una epica tan refinada que podría ser el relato de una batalla librada con gotitas multicolores de agua. Algo así como si alguien decidido a luchar en una batalla, tomara como espada, un pedazo de arco iris.
Cuando termina el disco estoy en Japón. Y eso es bueno, porque nunca había estado antes.
Un análisis de la discografía de la banda resultaría interminable, por eso elegí como corpus de esta nota, los últimos tres discos. Por tratarse, a mi parecer, de una trilogía redonda, casi perfecta.
Pero no por eso olvido Clouds Taste metallic, con joyas tales como The abandoned hospital ship, Christmas at the zoo, Evil will prevail y Bad days. O el energizante Transmissions from the sattelite heart.
Zaireka (Zaire mas Eureka), disco cuádruple para ser escuchado simultáneamente con cuatro equipos de música, merece un capitulo aparte por su carácter vanguardista.

Baya rodeo

Esta especie de tríptico sonoro se completa, entonces, con At war with mystics, en donde los Flaming lips otra vez vuelven a sorprender, encontrando nuevos modos de acercarse a la realidad, a través de universos artificiales, ficticios...
Hasta la voz de Coyne recurre a otros canales de expresión, a otros colores y matices.
At war... se aparta por un momento de la melancolía sideral de Yoshimi... para cuestionar la política de EE.UU., por medio de canciones más vivaces. Un álbum más festivo, menos introspectivo, en apariencia, que los anteriores, pero no menos emotivo.
“En guerra con los místicos” es mucho mas discursivo, claramente en contra de George Bush, haciendo referencia, ya desde el titulo, a una realidad extra-musical.
The yeah, yeah, yeah song es poseedora de una energía que probablemente no provenga del guaraná. Podría ser una versión gospel futurista para evitar próximas guerras. (Inolvidables los falsetes de Coyne).
Un sueño de Prince en el país de las maravillas cabería en Free radicals..., si es que acaso se le ocurriera ponerle algún titulo.
Bailar dentro de un lavarropas lleno de escarbadientes ¿Quién alguna vez no la ha pensado?
The sound of failure hace que tu sueño sea realidad. Por supuesto que graduando la velocidad del artefacto, para evitar algunas complicaciones gástricas.
Desde la cima de una montaña, escucho At the war with mystics.
Me lo imagino como un vendaval de dátiles recubiertos con espejitos de bolas disco.

jueves, 23 de agosto de 2007

Devendra Banhart



RIKI-TIKI-TIKI CANTA EL TROVADOR
Eran apenas las cinco de la tarde, cuando aboné al aire los últimos 0,00 centavos que tenía y tomé el tren que partía de Tolosa rumbo a La Plata.
La noticia era bastante alentadora. El disco de Devendra Banhart estaba listo. Había bajado en semi-círculos a la tierra con la velocidad de un rayo.
Me pareció fabuloso que un desconocido, en ese entonces, fuera capaz de cantar con desenfado, “Tra-la-la” o “Todos los dolores ya se irán y el graffiti dice Peter Pan”. Lo primero que me llamó la atención de Banhart, fue su facilidad para ensamblar melodías profundas, con letras en la mayoría de los casos, absurdas, delirantes.
Un Neo-hippie que se encargó de refundar y dar un nuevo sentido al Folk norteamericano, cargando en su mochila ecos de bandas como T-Rex y de figuras emblemáticas del folklore latinoamericano. ¡Sí! Entre los referentes de este muchacho, cuya infancia transcurrió en Venezuela, encontramos a Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez y Atahualpa Yupanqui. ¿Sorpresa no? Aunque por momentos resulte simplista decir que Devendra es una suerte de heredero de Marc Bolan, por su color vocal balido, o sea con un desenlace tonal de gritito de oveja, el caso se torna algo más complejo, cuando comprendemos la riqueza, la diversidad, la excentricidad circunscripta en cada uno de sus temas.

La barba no se enredó entre las cuerdas de su guitarra
Creo haber tenido una buena impresión de Rejoicing in the hands (04), alguien solo portando su guitarra como el Nick Drake de Pink Moon, conmoviendo y sedando al mismo tiempo.Se abre la puerta y This is the way despeja el camino. Como una flecha apache, impalpable, anuncia la llegada del sucesor de Niño rojo (04). Tiro al blanco. Aquí Devendra es Drake y Bolan sin serlo. Body Breaks parecería ser la reivindicación de la calma y una serie de meditaciones (informales), después de haber caminado descalzo sobre el pasto, recordando viejas grabaciones de Woodstock.
La provocación y la parodia de los solemne, en cambio, se pegan a This beard for Siobhan. El tema que te incita a querer escuchar mas y a ingresar al bucólico universo de Devendra.

Sesenta (60's) o setenta (70's) cenas en el altiplano
Pero lo cierto es que ahora, con Cripple Crow (05) se redobla la apuesta, porque en esos 21 temas, existe un recorrido ilimitado de influencias. Un disco espiritual, místico, ecléctico, mágico, psicodélico, bilingüe, chamanico, ambicioso, trascendental. ¿Demasiados adjetivos? ¡Si!.
Hay un cambio notorio en el paso de Rejoicing… a Cripple…. Del minimalismo del trovador, del artesano de la simpleza, pasamos a la conformación de una banda sólida, en donde la multi-instrumentación esta al servicio de la cantidad de estilos comprendidos en el nuevo disco.
Pensando enti está completamente cantada en castellano. Es una rara milonga-samba acaribeñada, con un estribillo ensoñador, impensado.
Hear somebody say podría ser el himno Banhart a la melancolía, pero no a la melancolía triste, lacrimosa, sino esperanzadora, suspendida entre Saturno y Júpiter anestesiados.
I feel like a child invita a un baile catártico, bongós de por medio y con un swing que se hace sentir en cada nota.
Para sumergirnos en la cápsula del tiempo, Some people ride the way reacondiciona en forma instantánea, una maqueta del viejo New Orleáns. Es un placido Jazz que evoca no solo la voz de Louis Armstrong, sino también su mítica trompeta, emulada con sonidos vocales.
¡Atención! No dejar por alto Mamma Wolf, una pasta en la que conviven el gospel, el blues y el soul felizmente. ¿Será posible dejar de cantar de manera precaria esta canción después de haber apagado el equipo?
La cumbre voluminosa de Cripple Crow (05), puede que sea Chinese children, que nos exalta por completo, hasta hacernos mover siempre cursi, cada una de las extremidades del cuerpo.
Recuerdo haber soñado con Korean Dogwood frente a un lago de agua cristalina una noche de estío, en la que sólo tenía de compañía a las Pléyades, girando sobre si mismas y escupiendo racimos de estrellas mas pequeñas. Entonces ingreso a un pintoresco bosque de Duendes y Hadas en donde Quechuas, Mohicanos, Aymarás y Maoríes comparten una grata velada con los Beatles. Y… ¡Albricias! Allí también esta Banhart, sonriente, con su pelo largo desprolijo y barba de nueve meses, diciendo : "Riki- tiki- tiki canta el trovador como una flor tan gorda que no tiene sabor, que rica es la vida y que rico es el amor, no mates al toro mata al toreador”.