jueves, 22 de mayo de 2008

Super Furry Animals



SUEÑO CULTIVADO

Me dieron ganas de estampar una remera con su nombre. ¿Serigrafia o papel transfer? Despues de tantas vueltas la remera termino siendo demasiado chica. Estoy seguro de que sera en otro momento.
Los Super Furry Animals tienen el privilegio de reunir dos condiciones que en el mundo de la musica resulta dificil alcanzar. Gozan de reconocimiento y calidad. Porque tienen una llegada directa, a pesar de traficar en sus melodias, sonidos exoticos, extraños. Saben lo que hacen. Toman y conservan lo mejor, la esencia del Brit-pop. Esa necesidad imperiosa de lograr canciones pegadizas, redondas, perfectas. Para luego modelarlas como arcilla resplandeciente, según los requerimientos de su microcampo sonoro.

La banda galesa destila psicodelia-glam por todos lados. Sus álbumes son exquisitos, coreables. Pero no por eso dejan de cultivar una estética atrapante e ingeniosa de arreglos floridos y acuáticos.

El dragón rojo se mueve como hipnotizado sobre un fondo verde y blanco.


- Es la emoción rara.

- ¡Pero inmediata!

- ¡Esas composiciones de transporte interurbano!.


Por eso creo que sus discos son siempre elaborados, pensados y accesibles al oido medio. Es posible que sea tu grupo favorito. Puede que no. No importa. Creo que basta con escuchar esas canciones que parecemos conocer de toda la vida y que sin embargo, es la primera vez que escuchamos. Esto seria algo similar a trabajar musicalmente el sueño recurrente y no aquel único, irrepetible, aislado.

- Siempre sueño que a la mañana cuando me levanto me doy una copiosa ducha de copos de goma espuma y watta.

- Empeza por ahí, me parece que para componer una canción ya tenes la base.

- ¡Entonces que se vengan las notas!

- ¡Avance!

Después de todo, no queda mas que probar con el oído un trozo de torta galesa y descubrir uno por uno los ingredientes clásicos y modernos. Porque para cocinar esto en el horno solo te va servir la mitad de la receta.

Veamos el bara brith. Busquemos, saboreemos. Esto es lo que hay dentro.


Avisá cuando los sandwiches estén listos


Es indudable la capacidad de Phantom Power (03) para esquivar una hilera de abejas rojas llenas de polen. Lo creo. Las veo venir. Hambrientas. Llega el álbum y no se chocan. Como si el mapa sonoro fuera una rayuela, el grupo Gales salta uno por uno todos los usos horarios. Fuera el purismo. Fuera los dogmáticos. Los Super Furry Animals abordan sin ningún temor una diversidad admirable de estilos musicales. Hay aquí niveles y desniveles, plataformas angostas que luego se ensanchan, saltos de MotoCross y kartings que circulan a ras del suelo. Dando como resultado un trabajo sincrético en donde lo orgánico va de la mano de lo artificial.

En el último tema de Phantom… un eco circense me anima a caminar sobre un piolín y a caer parado arriba de otro. Caminar y caer. Volver a caminar y así sucesivamente. Luego esta experiencia culmina para dar paso a otra algo similar. Tres tapas para destapar hay en la variable Slow life. Entonces soy un caminante de alambre acrobático.

Daktari repentino. Liberty belle hace escala en un paraje frondoso, en donde extrañamente ha aparecido una congregación de pavos reales. El plumaje brillante, claro, esta a disposición de esta canción adherente y relajante. Golden… es un tour selvático-personalizado que nos acerca a especies voladoras que lucen sus atributos en libertad.

Cuando me doy vuelta veo a dos aros pendientes de lo que en ese momento estoy escuchando. Ecuménica psicodelia para rescatar la mística de casi cinco décadas atrás. Con una voz grave de entonación casi religiosa. Ojo, que luego retruca con un estribillo amable y refinado, al mejor estilo Super Furry Animals. Así se mueve The Picollo snare. Parte del altar del Rock y luego se ubica en la parte superior de la tribuna de un estadio de fútbol. Antes del cierre nos deleita con una sesion instrumental que con ingenio, derrama swing por los cuatro corners de la cancha.

Para quienes no sufran de la rotula, nos llega Out of control. El mejor pliego trash que nos pueda ofrecer la banda. Un mazazo sonoro detrás de otro. Ring y boxeo. Se hace necesario respetar los que esta melodía nos propone. Por eso nos movemos al son de un ritmo desenfrenado.

Muy bien. Father, father Nro. 1 da un salto desde la terraza de un lujoso edificio en Manhattan a un escenario de barrio suburbano de alguna localidad de Gales. Vuelco muy británico para alejarse de su origen y alcanzar puntos insospechados.


Tres olas de plastilina multicolor

Con la primera nota la diosa griega da la media vuelta. Resulta que es una mujer común. Terrenal digo. Porque su belleza resulta encandilante. No debe ser dificil cautivar a alguien con tanta pero tanta sensualidad. Hey Venus (07) rueda compacto por una atmósfera escarlata. Rock-disco-Romantic-kitsch. Repito esas cuatro palabras. En el escenario semi-visible se alternan danzas y vestimentas exóticas de señoritas que recrean oportunamente las canciones. Tengo el disco en la mano, bien apretado. Solo lo suelto para darle en el estante multidimensional un lugar privilegiado. La meteorología poética augura sendos espacios reconocibles e irreconocibles con una sensibilidad nata para la edificación, para el armado de melodías que van a pegar en el pecho.

A bordo de un Jeep setentoso desalojo un estornudo congelado. Comienza el recorrido por el circuito de aventura. Gateway Song avanza firme y acelera. Pura tracción rock.

Tan diferentes son los escalones y sin embargo tan cohesiva es la escalera.

Las burbujas amarillas y verdes microafinadas de Run-Away brindan un espectáculo maravilloso para los ojos de mi oído.

A contar. Tres perlas escupe la ostra y cuatro veces canto la magnifica Show Your Hand. Perfectamente pulida y encerada para la ocasión.

Oh! Oh-oh! Oh-oh-oh es un cántico popular de hinchada de fútbol bañado en glitter a la madrugada. El coro de Neo Consumer da vueltas como si fuera un neumático cuadrado.

Y por si algo faltaba en este disco Baby ate my eightbal nos presta por unos minutos un estudio sobre la sensualidad del baile egoísta en la pista.

Esa calesita promete algo… Y mas si esta animada por una orquesta típica de pueblo. Que mas da, hay un romanticismo adiposo y volátil. Es de segunda mano, tan pero tan bien empleado, que se convierte en una elección muy a la medida de la propuesta estética del grupo. Carbon dating trasciende cualquier estereotipo a pesar de querer basarse en ellos, para representar un sentimiento que nos involucra tanto. L’amour.

Para llamar la atención, un bledo se me adelanta. Ahora si no me importa nada.

Suena dicroico. Las puertas del Zoológico de la ciudad se abren y los animales escapan eufóricos. Corren, vuelan, saltan. Son muchos. ¡Si!. Creo que son demasiados.




sábado, 26 de abril de 2008

Wilco



CAMINATA CON SNORQUEL

Algunas veces, cuando perdemos la insistencia, nos dejamos llevar por las primeras impresiones, por el instante nefasto, por lo primero que cae en nuestras manos. Entonces abandonamos la excursión para dejar de ser exploradores. Otras, en cambio, somos demasiado empedernidos y aunque no haya ninguna certeza de que encontraremos algún pequeño tesoro dentro del cofre, seguimos escarbando.

Que difícil me resulto aterrizar en la pista de Wilco, teniendo en cuenta que solo llevaba en el helicóptero un mapa aéreo con formato de EP denominado Camera. Pero que grato y afortunado fue todo lo que vino después.

Para los que gustan de tomar un café instantáneo en vez de dedicarse con paciencia a moler los granos, les anticipo que estamos ante los cultores de una psicodelia-folk suavizante, escurridiza, por momentos tímida. aquí no hay nada que a nuestros oídos pueda ser servido en bandeja. Lo singular del grupo norteamericano no se nos presenta de manera abierta, descarada, hay que buscarlo.

Que mejor entonces, que tomar una mochila, carpa y cantimplora para comenzar el recorrido y vagar por los sitios que la banda ha impregnado de poesía.

Acampo a orillas de un río cerca de la medianoche. Un pez envolvente de escamas amarillas y verdes, me trae la promesa de un sueño ligero. Cuando despierto sigo en el mismo lugar. Amanezco con la sensación de haberme deslizado lentamente por napas subterráneas. Vuelvo a poner el disco y deshecho la idea de que las composiciones sean descartables.

-¡Innumerables sentidos!

Wilco flota todo el tiempo entre la ilusión y lo real. Es una usina sensible, generadora de emociones estéticas obnubilantes. Aunque lo maravilloso sea en esta música solo un recuerdo que acompaña al espejo de la realidad.

- ¡Recupere las botas que deje en Siberia!

- Que bueno... a caminar.


Wilco te propone festejar la navidad en el suburbio, contemplando como los fuegos artificiales realizan sus destrezas sobre los edificios de la gran ciudad.

Suite confit

En el Hall de entrada el Maitre anuncia que el show esta previsto para dentro de media hora. El viaje ha sido un poco largo.

Estoy en Yankke hotel foxtrot (02) . Una excepción. Habitación 918. Parece que es un reducto de 500 metros cuadrados. No hay demasiada gente. Solo la necesaria. Los ascensores están impecables. Encandilan como si nunca nadie los hubiera usado.

Una chica de melifluos modales se acerca y me dice:

- Te recomiendo subir los 125 pisos por la escalera. La arquitectura es impresionante. Realmente vale la pena.

Le hago caso.

El disco es algo así como un doblar de curva en la ruta lento y parsimonioso. Lo conceptual de Yankee... y la (in) coherencia de los temas por separado y todos juntos, convierte a Wilco en una banda que transforma la sencillez en extrañeza. Pero sin quitar al publico la posibilidad de creer que lo extraño también puede establecer una relación dialógica con lo simple.

- Esas guitarras... tan desprolijas y perfectas.

El hotel del paso del zorro desconcierta en pleno concierto. Nos reconoce y nos recrea como si estuviéramos alojados en ese edificio permanentemente. Nos hace sentir raros en el momento en que decidimos zambullirnos en las frazadas para despertarnos ante un nuevo día.

En cinco minutos debo bajar hasta el cuarto verde petroleo ubicado en el primer piso del hotel. Estoy apurado, es cierto. No debo perderme ningún tramo de esta experiencia circular. Mis ojos no pueden creer lo que ven.

Desde el piso tres escucho el sonido de cacerolas cósmicas, que me hacen levitar sobre una alfombra que probablemente sea turca. Ingreso al lugar señalado cuando una delicada señorita me abre la puerta. El relajo elocuente de la voz de Jeff tweedy me tranquiliza. Luego su canto se convierte en holograma y desciende en forma de espiral hasta el subsuelo del edificio. Arriba de un piano desaparece esta hermosa y desordenada canción. Me voy. Cierro la puerta. I’m trying your break your heart.

!Aja!

Una luciérnaga titila en el fondo de Camera para comunicarnos que el tema coquetea con don hit. Por suerte no pasa de una simple insinuación. Mejor para todos. Creo. Hay mas tiempo para disfrutar sin quitar nada a nadie.

Continuo con el viaje. Salto de a tres escalones hasta dar, luego de cruzar un puente, con el salón de entretenimientos ubicado en otra estructura paralela. Por la puerta de servicio ingresan ondas celestes de una electricidad movilizante. Entonces War on war me da un cachetazo inesperado. Mi paladar óptico detecta un par de pupilas humedecidas. Son las mías.

Mas arriba me reciben con un cóctel. Ya me reconocen. Soy el nuevo residente. Hay violines y una atmósfera capaz de sensibilizar hasta el mas

celebre de los idiotas. Unas pocas notas y vuelta a nublarse la vista. No hay pañuelos. La premisa es dejar que las lagrimas corran libremente por el cuerpo.

Jesus, etc están hoy en este sala para armar minuciosamente una de las canciones mas orgánicas de Wilco. Debo irme ya, a un lugar que esta bastante lejos.


Escarpines

Adentro todo es impalpable, invisible. Claro. No hay yemas, ni claras. Solo un puñado de canciones que superan la marca del Hotel anterior. Aunque mas intrincadas. Sera necesario quintuplicar el aumento de los lentes para ver mejor. Algo esta llegando. Con cascara desorientadora. Ahi viene A ghost is born (04) anunciando un festin... silencioso. Nadie sabe donde queda y sin embargo todos estan invitados.. Solo es cuestion de desplegar las velas del barco y dejar que el viento haga lo suyo. Buen trabajo. En este disco hay de todo. Alguien me grita desde el mastil.

- ¡Tierra a la vista!

- Tiremos el ancla.

Un fantasma nace nos ofrece lo mejor de Wilco de manera subyacente. Hay que dar vuelta la media y renunciar a todos los esquemas para empaparse de su lógica e intuición internas. Partiendo de cero. Borrando toda la información que hay en el disco rígido. Tal vez necesitemos escucharlo una, dos, tres, cuatro y mas veces hasta conocer un poco mejor a ese fantasma que ya nos conoce, sin que nosotros hayamos tenido ningún conocimiento,

sobre su proceso de gestacion, sobre su futura existencia. Vale pena. No hay ascensores, ni autos, ni aviones. Tenemos el pasaporte. Una vez en la isla desaparece la rapidez. No existe la Dromología. Debemos trasladarnos a pie.

En una sala de espera triangular, la voz de tweedy se mece lentamente. La vida esta llegando, pálida, tomando impulso con el refrito galáctico de las guitarras de At least that what you said. Pequeño fantasmita del disco al que todos prestan sus casas pero no las llaves.

El sol cae al mar como limón de pluma a una pileta. Se puede ser intrigante y adornar el suspenso de manera tal, que el desenlace, desborde rock-on por los cuatro lados. ¡Si!. Se puede ser tan calmo y desesperante como Spiders (kidsmoke). Solo para escuchar unos acordes tan glamorosos como los que aquí encontramos.

Brummmm.

El bajo movedizo de Handshake drugs nos cautiva de manera instantánea. Para ver que hay debajo de la pared, los invito a rasquetar la pintura añeja de un tema que podría pasar por una simple pieza folk.

Preparo los bolsos.

El viaje ha concluido.

La lluvia es horizontal durante los viajes en subterráneo. Linea A con destino a las estaciones siete y ocho. Whishful you think y Company in my back proponen hacer de las emociones un ciclomotor vagabundo.

En aeroplano se me ocurre que si estos dos discos fueran jamón del medio, las tapas de pan fresco con semillas de sésamo, podrían ser Summerteeth (1999) y Sky blue sky (07). Un manjar. Vaya si lo es.

Afuera leo mientras llueve. Al aire libre nos sorprenderá Wilco la semana que viene, cuando intentemos atrapar nuevos sentidos en cada uno de estos álbumes.

Hasta entonces.



miércoles, 26 de marzo de 2008

Gorky's Zygotic Mynci



HISTORIA DEL PEZ VOLADOR QUE TRANSITA
LAS AGUAS DE UN MAR CAMPESTRE

Hay bandas que merecerían ocupar otro lugar en la historia de la música. Proyectos genuinos y arriesgados en los que nunca hubo, ni habrá lugar para la especulación. Así como muchos músicos han llegado alto, careciendo de autenticidad y sin demasiado esfuerzo, otros, en cambio, aparecen y desaparecen injustamente como hálito de viento. Pero claro, nos dejan por lo general, una vasta obra que con el paso del tiempo, podrá ser apreciada en todas sus dimensiones.

Di con los Gorky’s Zygotic Mynci, ahondando en la sonoridad surrealista de otro grupo Gales. habrán oído alguna vez hablar de los Super Furry Animals.

La noción de Música de autor cobra sentido en Gorky’s, cuando notamos que es el publico quien debe adaptarse a las formas sonoras que se le presentan, siempre al margen de la exigencias de una industria en constante progreso.

El virtuosismo de los galeses radica en su facilidad para componer álbumes que oscilan entre el despojo y la calidez del ámbito rural y el vértigo y lo novedoso de la gran ciudad. Sin olvidar la inconfundible voz del cantante, con una amplitud de tonos y variaciones, dignos de ser recordados. Una acentuación distinta sobre el final de las frases, conservando en algunos temas, la tradición coral característica de su país y una lengua propia diferente al ingles.

Imposible era hace algunos años conseguir material del grupo. Imposible era entonces, deleitarse con esas suaves melodías, a veces desafiantes, recostadas sobre una pradera. Mientras tanto la figura del mito iba en crescendo y apenas si recibíamos, alguna que otra noticia sobre su ingreso a la escena under de norteamerica, o sobre sus shows en algunos países de Europa.

Ahora que la banda se disolvió, parece que todo es distinto. Las canciones pastorales de repulgue electrónico, comenzaron a ser revalorizadas en su justa medida. A pesar de que los Gorky’s no se desprenderán por ningún motivo de su titulo plebeyo de banda de culto.


Patchwork galés

Con una rapidez poco común, la aguja de la brújula se detiene en Barafundle (1997). Y vaya si tiene motivos para hacerlo. Porque el álbum, es el punto mas alto en la trayectoria de los Gorky’s. Un experimento enfático que versa sobre el genio y la creatividad, dejando en claro que la psicodelia autóctona del grupo, es lo que los diferencia de aquellos otros músicos contemporáneos que se dedican a recultivar este estilo.
Hay aquí inquietudes estético-musicales muy marcadas. Por esos a veces parece que escucháramos temas dentro de otros temas. Lo lineal no es algo que quite el sueño e estos galeses. Barafunfle exalta y adormece los sentidos.

-¿Esta lloviendo?

El electro-goteo de Diamond Dew aporta tranquilidad para una siesta fugaz, interrumpida por un estribillo alegre de base Folk-country. Pero cuando ya hemos sido sacudidos de la cucheta, vuelve ese goteo que promueve el silencio. No es la tecnología esta vez, sino un típico instrumento analógico propio de la cultura celta.

-Van 35 milímetros

Emocionante rapto es el pos-punk romántico de Barafundle Bumbler.

Increíble que quepan dentro una canción tantos sentimientos juntos. Y además están esos violines tan pero tan… sensibles.

Cae una lágrima de alegría y de tristeza en el patio de atrás de casa. Además vuela un cometa a la hora de un baile nocturno. Es fin de año. Algo viene. Algo se va. Todo ocurre en Patio song.

-Esta parando

Y como si fuera poco también late Pen Gwag Glas con cielo nublado. Un comienzo solemne y religioso. Una tradición freak que no se sabe en que va terminar.

Culmina Sometimes the father is the song. Afuera comienza a llover de nuevo.

Estoy entredormido. Tengo la sensación de haber viajado a no se donde. Probablemente sea a Cardiff.


Salsa de menta

El compilado Introducing Gorky’s zygotic mynci (1996) da la impresión de ser, por su arranque, un motor alado de 10000 coloridos peces de fuerza. Con un desarrollo estilistico irreverente y una veta sonora, en donde la psicodelia rural parece alcanzar un resultado mas que optimo.

El acceso es algo mas complejo. Por eso no es suficiente registrar un plano general de la obra para disfrutar de las canciones. Necesitamos algo mas que eso. Estaríamos hablando de primerísimos primeros planos.

Tanto Introducing... como Barafundle hacen de cada tema una mamushka inmigrante en estas tierras. Levantemos. Destapemos. Sorprendámonos ahora.

¡Es el momento!.

Merched Ya Neud Gwallt Eu Gilydd levanta la mano y un huracán se desata por toda el aula. Arriba las carpetas. ¡Picadillo de papel glasé!. Es un soplido de plumas energéticas, secundado por un coro celestial proveniente de la zona costera.

¡Basta!

Cuando el viento se detiene, nos ofrece un paseo por los pastos verdes de algun recóndito sitio gales. La excursión es en una carreta, tirada por ovejas de pelo lacio, emperifolladas para este inigualable momento.

Las voces que ayer se escaparon de un cuadro de Rene Magritte, atraídas por el hipnótico wah-wah de una guitarra, fueron encontradas. The Game Of Eyes
se niega a devolverlas.

-Esta en todo su derecho.

-Mejor pasemos a otro tema.

- ¿Este?

Nadie mejor que Kevin Ayers para jugar con la armonía de onomatopeyas, utilizadas de manera infantil. La diversión se multiplica tanto que no cabe en la calculadora.

-Agarremos un poco de ella entonces.

Un rock coral de aguas dulces y transparentes camuflado por un cardumen inquieto. Es lo que veo. Después de escuchar. Hay un cántico de sirenas y una cresta de la ola que a veces juega ser punk. El Collar Y Ffordd Oren encandila con sus brillantes piedras.

-Ahora ya se fueron.

-Pero todavía podemos buscar


En los pastos de la montaña de Snowdonia alguna vez se reunirán los Gorkys Zygotic Mynci. Para hablar de la vida pastando. Haciendo música. Para debatir sobre las extrañas coincidencias que hay, entre estar dormidos y estar despiertos.



miércoles, 27 de febrero de 2008

The Go! Team



ESTUDIO SOBRE COMO APROVECHAR LAS DELICIOSAS
MIGAS DE UN BANQUETE


Estoy seguro de que en los mal denominados “tachos de basura del rock” encontraríamos cosas interesantísimas. Envoltorios de letras y sonidos que algunos músicos por distraídos o dogmáticos hayan dejado pasar. Sin pensar, claro, en los recolectores, que llegarían mas tarde para revolver, para poner como suele decirse manos a la obra. Haciendo de todo este descarte pequeñas perlas y maravillas.
Porque hacia falta una banda desprejuiciada que compusiera discos desfachatados, alegres y distendidos.
Eso es The go! Team. Un emprendimiento de Brighton cuya especialidad consiste en construir formas musicales con ladrillos huérfanos, vagabundos y a veces despreciados.
Estuve a punto de dejar pasar por alto su primer álbum, con portada y contenido, algo desprolijos. Por cuestiones de velocidad, casi evito esta multiprocesadora maestra. Una batidora de ritmos y melodías muy segura de si misma. Entonces: ¿Cómo ignorarla?
Porque la diversidad de su propuesta estética la hace interesante en si misma. Hay tragos ligeros de los años 50s, 60s, 70s, 80s y 90s. Autos antiguos y deportes de escuela secundaria. Con una energía juvenil que nos sacude y que nos habla de la imposibilidad de no ser alegre durante los minutos que dura cualquiera de sus dos discos.

-¿Entonces la felicidad estaría compuesta por un estadio sonoro edificado con cientos de miles de pedacitos?
-Mas o menos… Mejor diría, que por un exquisito budín ingles
repleto de sobras.
-¡Entiendo! Harina de trigo derramada, azúcar secuestrada por las hormigas, pasas de uva escondidas debajo de la mesada…
- Mejor conseguí algo para sonar. Así te sacas todas las dudas


Así llega. Veloz. Como una remembranza del viejo cine de Hollywood, trivial, pero al que sin duda volvemos, cuando el papel de eruditos nos ha cansado hasta el hartazgo. Porque para divertirnos, esta demasiado claro que no necesitamos de los postulados ni de Michel Foucalt, ni de Jean Paul Sartre.
A los curiosos tal vez les convendría empezar a hurgar en los trabajos de Petula Clark, The Flares, The Bobby Fuller four, The Shirelles, The Rockey Fellers, The Isley Brothers, The Drifters, Gimmy Gilmer, en fin, de ahí en adelante. Prefiero buscar aunque no encuentre nada.


Caramelo múltiple

El servicio meteorológico pronostica para la apertura de Thunder, Lightning, Strike (2004), un viento eléctrico arrasador, contundente, con armónicas muy narrativas para el caso. El disco es un trébol liquido de cuatro hojas que nos sorprende en una esquina cualquiera, con su ensamblaje instrumental emotivo y jocoso.
Un álbum definitivamente joven, con el vigor necesario de una carrera en el tiempo sin bandera de largada. Los Go! Team nos ofrecen, entonces, una muestra gratis de música gimnasta, acróbata, motriz, de salto en largo.


-¡Como unos Tecnotronic que recién no se han levantado!
-Mmmm, no se que decir...


Luz, mucha luz. ¡Ya!. El hecho de que Thunder… sea casi instrumental le otorga cierta legitimidad como banda de sonido de secuencias fílmicas retro, pero muy avanzadas en su tiempo. La instrumentación aparece aquí como voz cantante y la voz solo como acompañante. Casi adquiriendo un papel de reparto.
Ladyflash musicaliza una escena que conjuga liviandad con solemnidad, diversión con tristeza, tecnología con precariedad. Avanzo. Hay scratchs y pistas tecno, simulación de violines, flautas…
Este el es el resultado, un pantallazo de la arquitectura sonora de la banda. Yeah. Yeah, yeah, cantan las chicas.
Sigo revolviendo en el tacho. ¡Cuantos desperdicios!
Meto la mano hasta el fondo… y allí rescato Feelgood my numbers. Alguien me dice que utilice este hallazgo como canción de despedida. Nos fuimos, nos vamos, pero volveremos con una carga subjetiva-sentimental muy fuerte.
Quien en este momento se encuentre nadando en las profundidades del Atlántico, puede encontrar en Bottle Rocket a un aliado ideal para el buen ánimo. Porque en cuestión de segundos, surge una pista giratoria, justo cuando algunas personas han empezado a bostezar en algún típico festejo de viejos compañeros de escuela.

-Encontré esto… ¿Te sirve?
-A ver

Tengo un cántico de abeja sostenido y amplificado. No puedo saltar más alto, ni sacudir tanto la sangre del cuerpo. Es Huddle formation. Sí. Un mapa genético de la emotividad y efervescencia. Representa, en algún sentido, la ilusión de jóvenes que recién han comenzado ha proyectarse en campo del arte.

- Me parece que te estas equivocando.
-Puede ser, es solo un punto de vista.
- Yo la propondría, en cambio, como un pasaporte feliz a Swingning London valido por 40 años.
-¿Eh?

Se cierra la puerta y nos encontramos con una congregación de viejos sabios que pasan álbum a toda su vida en el campo.


-¿A que adivino? Un destello country. Es… Everyone’s A.V.I.P to someone
-¡Estas en lo cierto!
-¿Qué paso con Get together?
- Casi se esfumo por la impaciencia. Creo que todavía sigue estando en esa pradera urbana con Hammelin presente.


Desanimadversion o alegría que recién llego en helicoptero

Por una cuestión casi lógica siempre los segundos álbumes, son más esperados que los primeros.
Proof of you (2007) continua con la búsqueda iniciada en Thunder, Ligthnin, strike. Retrotraimiento y diversión para un sonido que inunda cualquier plataforma de baile. Espuma de afeitar, porras y guirnaldas volando ágilmente por el cielo de la banda.
La formula mágica tiene un solo propósito. El de sacudir y conmover a quienes opten por reproducir el disco en momentos de ocio o esparcimiento.

-¿Lo dicho donde esta?
-No se… ¡Hay vacas en tu techo!

Proof of you, instala una rutina de movimientos circulares hacia ambos lados, sin que sea necesario asistir al gimnasio. Volvemos a ingresar, entonces, a la cancha para festejar la energía que nos contagia. Es un partido de básquet o de fútbol americano. No estamos en el Monumental, ni en la Bombonera. Tampoco en Brighton, Inglaterra. Estamos dentro de un fotograma de los años 50 o 60. Puede que también sea de los años 70.
El partido otra vez vuelve a ser ganado por una diferencia muy grande. Se ve que el rock de la beneficencia ha sido de nuevo muy generoso.
O mejor dicho, es eso otro. ¡Si!. La audacia de los recolectores para dar forma a este segundo trabajo tan esperado.
Grip like a vice arranca con unas guitarras muy Gang of four, para tomar de inmediato un rumbo inesperado. Hay aquí trompetas que se dedican a dar la bienvenida a los atletas victoriosos.

-¿Tenés hambre?
-¿…?


El platillo de entrada a veces cambia de orden. Como si empezáramos primero por el postre para seguir luego con la cena o almuerzo.
El chispazo singular de Proof of you, es sin dudas, Doing it rigth.
Propongo Fake id como plato principal. Una tentadora porción-resto de lomo ahumado, aderezado con pickles y Pixies de oferta, comprados en el mercado central el día anterior.
¡Uhhhh!. Increíble la fuerza y optimismo de Titanic vandalism y The wracht of Marcie.
Improviso algunos movimientos. No puedo contener la sonrisa.
En el entretiempo, en cambio, se escucha por los parlantes del estadio, My World. Tema instrumental introspectivo, porque ahora es necesario recargar las baterías.
Y bueno, que mejor cierre para un regreso triunfal que terminar en algún restaurante de sobras, haciendo toda clase de sonidos con tenedores y copas viejos.
¡Es hora de celebrar!
¡Un brindis hilarante!, dice Patricia’s moving Picture.
Pasa el camión de la basura. Escuchar a The go! Team es una experiencia muy peculiar y gratificante. Similar a caminar en pleno verano por calle Corrientes, y caer de improviso en una pileta de competición, cubierta de soda fría… extra burbujeante.


jueves, 24 de enero de 2008

The Magnetic Fields



EL ULTIMO QUE LLEGA PRENDE LA LUZ

Hace algunos años escuche hablar de un tal Merrit. De su inagotable capacidad creadora. De sus múltiples y multanimes bandas. Era obvio. Su nombre no paraba de circular en el (in) visible mundo de la música.
The Magnetic Fields parece trabajar sobre un estado de la oscuridad fluorescente, casi luminoso. En algunos casos transforma la angustia y las tribulaciones del hombre, en pura bondad, manifiesta a través de las canciones.
La impresión inicial es desconcertante porque estamos frente a un microcosmos sonoro insospechable.
La singularidad de los discos nos aparta del espacio y tiempo actuales, para transportarnos a un campo anacrónico.
No seria tan desatinado decir que Los campos magnéticos, es un grupo amnésico de sus contemporáneos. Por eso no sabemos en que lugar de la historia ubicarlo. Porque Sthepen Merrit traza su propio espacio paralelo.
Su voz carga por un lado con un bagaje de monotonía y retraimiento que la convierten en una manifestación semi-automática. Fácilmente podría ser un actor de Robert Bresson, que en vez de actuar, despojado de toda experiencia dramática, cantara. Por otra parte y casi rozando el límite de la contradicción, tenemos a un Merrit que se vuelve más lírico y expresivo, con una teatralidad a cuestas que subraya el lado más kistch de la banda.
Por su variedad de componentes, con sonidos viejos superpuestos provenientes de sintetizadores llenos de polvo, puede resultar tan barroca y atractiva como una porción de torta húngara.
Y al final, después de todo, The Magnetic Fields nos deja una puerta abierta, un silbido de confianza. Porque con su tímida alegría no logra que desaparezca la angustia. Pero si nos incita a buscar en nosotros mismos para saber como evitarla.

Es la primera vez que vengo a esta playa

(…) Primero quedamos en que Holiday iba a estar listo en una semana. Cuando llego la hora…

-El ploglama lento, lento… no responde- me decía el chino de vestimenta occidental que había instalado el cyber en diagonal 80.
- ¿En diez o quince días le parece?
- Palece, palece… no entende.
- El disco de Magnetic fields ¿se acuerda?
- Ahh, malnetic, si (el olor a incienso me estaba quemando los pulmones)

Pasaron los días y la agilidad tecnológica oriental comenzaba a desmitificarse.

-¿No esta? Bueno…
- Ploglama lento, lento
- El Tao, el Tao, Lao Tse (ahora me entiende) Chau nos vemos -le digo-.

Hasta que di con el sitio indicado pasaron algunos días. ¿El lugar? Un sombrío espacio de alfombras deshechas ubicado en calle 56. Cualquier disco por extraño que sea, podía ser bajado allí a un módico precio.

Que bueno es volver a los años ’20 sin moverse del lugar, sin salir de la vieja poltrona. BBC Radiophonic Workshop es puro sonido. Arranca Holiday con una introducción-cóctel para una Josephine Baker computarizada.
A ver. Existen dos tipos de rarezas musicales. Aquellas que, por decirlo de algún modo, viven dentro de un ecosistema determinado y las que sobreviven fuera. Strange powers, al igual que su video, parece pertenecer a la segunda porque te deja sin reacción, perplejo.
La cuestión del Quid.
Desert island suena como si estuviera tocada en vivo y con desperfectos en los cables, en el tablero, en los instrumentos. O como si la escucharas desde una terraza ubicada a media cuadra del teatro en donde los magnéticos están rodando. Un efecto bullicioso, una meseta confusa para una melodía adhesiva y tonificante.
Nueva York y Londres se unen para dar vida a dos temas tapizados con algodones similares a nubes naranjas, azules y verdes. Una panorámica especial para cuando atardece y un robot tan sensible como la región del imán que atrae a las partículas de hierro. Las magnetitas son Tom green velvet eyes y The flowers she sent and the flowers she say she sent.
Encontré en un bolsón tres tapes y un par de polainas con perfume de los años ’80. Arriba del escenario un grupo de gimnastas, recrean Deep sea diving suit y Swingin London, animados por el espíritu, porque no, de Luigi Pirandello.
Holiday (1993) siempre nos hace volver para deleitarnos con “Poderes extraños”. Casi de la misma forma en que The pleasure of principle (1979) de Gary Numan, nos arrastraría para pegarnos a Cars. Aunque después nos demos cuenta de que hay mas fruta abrillantada detrás de estas canciones poderosas.


Nada mejor que un par de zancos

No hay hormigas en el postre. Con Get lost (1995) Merrit parece haber cruzado la gran agua. El disco es elegido por la crítica especializada como la mejor producción independiente de ese año.
Las canciones están más pulidas, mejor codificadas. Digamos que podría ser la mejor carta de presentación de grupo (un sonido más limpio, con más aire, aire plumífero). Hay un guiño sutil hacia el público, una mirada cómplice. Por eso entramos sin inconvenientes a la fiesta (parece que ahora estamos anotados en la lista de invitados).
Si querés ser famoso y experimentar el trajín diario de una estrella del under, subite a Famous. La parada y el destino corren por tu cuenta.
Ayer se produjo un aterrizaje voluntario en la luna para experimentar el néctar de la creación, después de haber concretado un proyecto que comenzó siendo algo difuso.

- “Con destino a la tierra parte del anden numero 5…”

Una azafata ¿francesa? Nos recuerda que la estadía en la grandiosa estrella ha finalizado.

-Ya subo, un minuto más…
-Smoke and Mirrors, me dice.


Justo ahí, como si no tuviera control de mi cuerpo, experimento una ascensión muy especial. En medio de espirales de varios colores, veo como una cantidad tonélica de papel picado (Plateado) va cayendo desde la boca de algún planeta, ubicado por encima de mi cabeza.

¡Canción cenit!
Claro que lo es.
Anoto en una libretita de 50 centavos Save the secret for the moon. Hago movimientos con los brazos. Son las 4 a.m. Estoy flotando.

Cuando una hélice se enciende, es verano y el mono fásico trepa por las lianas.

-¿A sí?
-Claro, respondo. No ve que esta sonando Love ligther than air.
-Yo no escucho nada.

… y yo me impregno de una alegría triste, fluorescente.

Me olvide algo. ¿eh? Si. En 1993 la banda edita un disco mortecino, críptico.
Su nombre es The charm of the highway strip. Es el primer Road álbum que haya conocido hasta el momento.
Hay algo que me hace pensar en una conexión con el film Carretera perdida de David Lynch. No se.
Durante cada canción percibo algunos destellos. Rapidísimos. Y otra vez a oscuras. Son las luces delanteras de los vehículos que pasan a más de 200 Km. por hora.
¿Qué mas queda?. Reparar en pequeñas obras maestras como Lonely highway, Born in a train, I have the moon y Two characters in search of a country song. Distintos poblados intermedios, distintas ciudades. “Los autos sufren cuando los días cuajan”, susurro al volante.


Botiquín

Alguna vez dije que el disco triple 69 love songs (2000), me parecía el mejor trabajo de la historia de la música.

-¿No le parece a usted demasiado exagerado?
-Mmm, no. Todavía lo sigo sosteniendo señor antifaz.

En las sesenta y nueve posibilidades del amor no se registra ninguna similitud, excepto una única palabra. Cuatro letras. Porque para el asombro de todos nosotros, cada canción es muy distinta de la otra.
La genialidad en la cúspide. La independencia siempre va pegada a la imaginación.


- ¿Qué hacer ante un disco tan voluminoso?
- Meter todos los temas en una bolsa de consorcio y sacar algunos al azar (falso).


El sentido folklore de Absolutely cuckoo es la bolilla A del volumen 1. Una tarde de campo con empanadas criollas y un baile con pañuelos blancos al aire para cualquier feriado. Es un homenaje de Merrit a la patria gaucha.
Me gustaría hacer el ridículo en un bar, disfrazado de vaquero culto con botas texanas color naranja. Pasos a la izquierda y a la derecha. Movimientos muy ocurrentes (para la carcajada o para un capitulo de La risa de Bergson). El ticket se vende con la leyenda A chiken with its head cut off o The luckiest guy on the lower east side. Las entradas están en venta en todas las boleterias.

Fido, your leash is too long, reproduce el sonido kinético de un dedo mojado refregado sobre el vidrio. Hasta Hammelin sin su flauta encanta y hace mover a las serpientes.
Creo que se puede ser tan melodramático como la interpretación de Roses, aunque muy pocos puedan permitirse ese lujo en un álbum tan lujoso. Así arranca el volumen 2, con lágrimas infames y haciendo caer los dientes permanentes de quien decida cantar este tema.
Siempre al borde del ridículo, ingreso a un boliche con sillones triangulares de jackard que rodean la pista. Allí me muevo con Long forgotten fayretale. Todos se ríen. Yo aplaudo.

- ¡Así se habla!
- ¿Tenés hambre?


Comí un pastel de membrillo para alegrar la tarde y no hubo caso. Quise cambiar de animo con The sun goes down and the world goes dancing… y casi lo logro.

Bolilla A del volumen 3. Ahora soy yo el que dice ¡No entende! Tanta delicadeza para una canción tan respira y como si fuera poco, cantada parcialmente en francés.
Me sigo sorprendiendo.
Me sorprende Underwear.

¿Qué les parecería un electro-reggae del altiplano? (con gorritos coya y todo, los que no tienen pompón). Me mareo pero no importa la altura porque todo confluye en un ambiente de extrema tranquilidad. It's A Crime.
Prosigo con la bolilla C. Es un tema ideal de bajos lingüistas colmado de signos crispados. Las cuatro cuerdas cobran protagonismo en The death of Ferdinand De Saussure.
Escribo con mayúsculas Meaningless mientras me deleito con la melancolía de algún lugar lejano. Yeah! Oh, yeah, cantan a duo Claudia Gonson y Stephen Merrit.

69 love songs. Cosas que dice esta gente.
69 love songs. Un alfajor guiness con tres tapas de hojaldre.



-¿Hace falta que digas todo esto?
-No. Es simplemente un vicio.
-¿Qué te puedo decir?


Podes ser atraído o repelido por la banda, depende de que tipo de metal seas.


domingo, 23 de diciembre de 2007

Clap your hands say yeah!



PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP PLAP

Investigadores de una prestigiosa universidad, determinaron que los caminos de la independencia musical suelen ser de los más ingratos.
También señalaron que la escasez de recursos, la falta de un dispositivo de promoción diseñado en exclusivo para llegar a una audiencia de masas, sumado a la falta de creatividad de estos músicos (del costado del camino), son los principales motivos por cuales nunca podrán alcanzar la fama y el prestigio.
Además…
-¡Momento!
-El ingenio y el ímpetu de la juventud, siempre será un recurso renovable.

En este sentido, la banda neoyorkina Clap your hands say yeah! Supo ver en la tecnología un arma de resistencia cultural, contra los grandes e inalcanzables sellos discográficos. Todo esto mediante el patrocinio de numerosos blogs, junto con la posibilidad de descargar el disco debut gratis, antes de que sea editado por V2 Records.
Y si… porque a fin de cuentas, bajar discos no es más que una de las tantas formas de acceso y democratización de la cultura.


Tostada crocante sabor naranja

Clap your hands say yeah! (2005), disco homónimo del grupo, se destaca por su honestidad, por su corte directo. Una avalancha de canciones pegadizas, digeribles, de fácil absorción, como la pasta. La ingenuidad y la simpleza del inicio.
Pero por la consistencia del álbum, podría anotarse en la pizarra del bowling algo así como doce bolos al suelo.
¡Bienvenidos al circo más extravagante del mundo! Decenas de malabaristas a bordo de una furgoneta sublingual, domadores domados por tigres de bengala (de peluche y a cuerda). Todos sobre una manta persa de voces sesgadas por el gospel.
¡Si, señores!
El mono baila aunque no le paguen.
Comienza el disco escurriendo energía por todos lados. ¡Bienvenidos! (parece querer decir)
Clap your hands! Primera función. Clap, clap. Orbita y desorbita.
En la olla que haya recomiendo buscar Let the cool goddes rust away y rememorar el don vocal del legendario Tom Verlaine de Televisión. Saltarín impulso de una pandereta.
Por la puerta de entrada nos llega Over and over again, con cristales a pique subiendo del mar al cielo (mar bueno, bandera azul, creo).
¿Y si alguien te vendiera a mitad de precio un dosificador de gotitas oftalmológicas?
Pagaría en efectivo para que sonara la sensible Details of the war. Los ojos rojos. Para lagrimear a escondidas, claro. (Detalle contemporáneo). Es un registro documental del campo bélico, traducido a notas musicales.
Para cualquier cumpleaños o aniversario se podría volver a regalar la clásica cajita musical, con una bailarina girando y luciendo un vestido confeccionado con forma de árbol navideño. Dando vueltas,claro, alrededor de Sunshine and clouds and everything proud.

-¡La visión es sonido!


La pequeña tristeza que nos ha dejado instalada In this home on ice, se desintegra con un inquieto ska de oro 24 kilates, que se vende en joyerías exclusivas y cuya marca es Upon this tidal wave of young blood.


Algunas cabelleras no necesitan peinado

El segundo trabajo, Some loud thunder (2007) propone una estética desprolija, cuidadosamente elaborada. Es, por cierto, un álbum de estudio más experimental, retórico. De modo que se hace necesario indagar en las múltiples escuchas, para poder correr el velo misterioso que lo envuelve, para poder atrapar algunos de sus sentidos.
Entonces pasamos de un disco enérgico, juvenil, a la confección de un Some loud... con sonido precario en apariencia, con algunas frituras e imperfecciones.
El nuevo álbum se singulariza por la no-ansiedad, por ser en alguna medida, impasible. Por trabajar para la música en si misma, para ahondar en su lenguaje, en sus modos de comunicación. Un cocinero desprevenido diría que los temas no están al dente. Un critico en cambio, que la hornalla siguió prendida, para lograr un pegoteo sorprendente de las canciones.
Transmitida por amplitud modulada, la canción que abre Some... conjuga la cinética con el relajo. O sea para bailar con un vaso en la mano.
También vi una pintada. Ahí decía que Emily jean stock sorteaba un par de entradas para volar en parapente.
No dejo de poner atención en las geniales intervenciones de la batería, a veces, intempestiva.

-Esperen un poco, ¡Todavía no!

Some Loud Thunder (2007) incluye arreglos con su aporte de extrañeza, adornos psicodélicos (me suena la palabra) a diferencia del primer disco. Hay coros beatlescos en algunos momentos, y hasta un acordeón que reparte sutiles aires balcánicos.
¡Impresionante! Encandilan también, Love song no. 7, Upon encountering the crippled elefhant y Underwater (you and me).

-¿Suena más ingles?
-No se.

¡Ahora si! Aplausos...
Cualquier diferencia con la realidad no es pura coincidencia.
¡Felices fiestas!

jueves, 22 de noviembre de 2007

Architecture in Helsinki



EL JUEGO MINERAL DE LOS CANGUROS

Podría caminar sonámbulo por las calles de la capital finlandesa, para tratar de comprender el lenguaje de las distintas formas arquitectónicas, y saber, entonces, cuales fueron las fuentes de inspiración de la banda. Podría hacerlo durante horas. Pero no. Todo esfuerzo seria en vano. Porque este sexteto no tiene nada que ver, al menos en apariencia, con las costumbres, con la cultura de los países nórdicos.
Me convendría, en cambio, empezar a buscar por Melbourne, Australia. El lugar de origen de estos jóvenes innovadores de la música de los últimos años.
En principio no fue tanto el sonido lo que me atrapo, sino más bien el nombre: ¿Yo? Un etimólogo del viento envasado al vacío.
Cuando fui a comprar algo del grupo a una disquería del centro, me miraron con cara de:

- Disculpe señor usted debe estar buscando un manual de arquitectura escandinava. Siga por calle siete, derechito. Le recuerdo que acá solo se venden discos.

Por un motivo que creo no desconocer, me parecería adecuado hacer referencia al titulo del cuento "Viaje a la semilla" de Alejo Carpentier, para tratar de descubrir la esencia de estos músicos que solo tienen en su haber solo dos títulos (ahora son tres).
Me gustaría que se les prestara atención, porque quizás ya estén haciendo historia, sin saberlo.
El retorno al origen, su carácter primigenio, tiene que ver con un tipo de regresión a la infancia.
Algunas palabras surgidas por asociación libre:
Dada, minimalismo, cubismo, transparencia, ¿Sobriedad?, Oriente, Occidente, juntos.
En cuanto a la música en particular, los Architecture sobresalen por una alegre inclusión de la electrónica, por sobre instrumentos de base perceptiblemente analógicos. Una gran fabrica de juguetes, fortificada con proteínas, vitaminas y minerales.
Limpieza de oídos a domicilio.
Cuando escuchamos los discos, nos queda la impresión de que cada sonido esta puesto en el lugar justo. No hay sobreabundancia, ni demasiadas superposiciones que generen distorsión, confusión (a pesar de la variedad de los instrumentos)
¡Los Arquitectura en Helsinki son definitivamente un grupo antiniebla revestido de inocencia!

Vuelo Lacio

Fingers Crossed (2004) comprende un paisaje de armonías que conducen a un estado prenatal, endógeno. Aquí, hay una clara alusión a la estética oriental de chinos y japoneses y en especial al anime, o sea a los dibujitos no desanimados.
En este vuelco interno predomina la tranquilidad y la suavidad de las voces. Con coros pensados para acompañar la fluidez, la métrica sencilla, en general, de las canciones. Nunca se me hubiera ocurrido inaugurar Dedos cruzados con un piano y un pegadizo sintetizador de los años 80, secundado por aplausos rítmicos, bocinas y panderetas. Entonces pienso en One heavy Frebuary como una nube movediza de autitos de colección desodorados. También hay lugar para un charlestón bailado en cámara lenta, mientras cae una llovizna de visones de juguete, numerados con nombre y apellido. Esto es Scissor paper rock.
Toc-Toc. Un toc-toc antológico puede ser escuchado en Spring 2008 a modo de anticipo. A esta altura estoy tirado en un Chaise Longue haciendo malabares con rombos tornasolados. De nuevo hay destellos de una impronta japonesa.
De repente las puertas de la juguetería se abren e improvisamos con sonidos de voces, burbujas y chistidos. Una canción para niños que de manera intempestiva, deciden participar del emprendimiento. The owls go dice el cartel luminoso de este negocio (infante) que se reabre.
En Vanishing aparecen las contracciones. Es menester inhalar y exhalar porque se anuncia el parto. Luz que será representada dos años después con In case we die (2006).


Retrato de notas musicales que no juegan al rugby

El segundo disco es una inequívoca propuesta de educación orquestal, de coordinación, de ensamble. De este modo estamos ante la presencia de un estadío que supera al anterior. Delineando una zona de natalidad, de expulsión. Un trabajo exógeno que celebra el nacimiento. ¡Y que mejor manera de hacerlo que llevando a cabo una fiesta!
¡Alegría! ¡El recién nacido ya asoma la cabeza!
En Nevereverdid las campanas de una iglesia señalan el comienzo de la liturgia australiana. Una cantante lírica y un soprano intentan despistarnos, dando muestras de pura ortodoxia. Pero de a poco el clima va tomando otra temperatura, hasta adquirir la euforia de chicos embadurnados con crema pastelera.
Para bailar no queda otra que adosarse a It’s 5, poseedora de una dinámica casi matemática para la pista. Lo mismo sucede con Do the whirlwind. Parece que a los australianos les gusto esto del pasito escalonado en la zona de baile.
¿Quién no desearía ser elegido para entrar a un cartoon a través de la pantalla de la teve? Los tocados por la varita son una patota de niños que corean Tiny painting con jocosidad, pero sin perder su costado mas cercano a las vísceras.
¡Atentos! Estén listos para ser atrapados por la epopeya oculta en In case we die (part1-4).
Y si. Estos pibes parece que todo pueden hacerlo. Hasta componer un reggae en un paisaje glacial rebozado de pureza e interpretarlo, probablemente, en un Bungalow de la costa de la isla de los canguros. Con un gran salto. En una bolsa pegajosa llamada Rendesvous potrero hill.
Escuchar a los Architecture, es como tomar un vaso fresco de agua mineral y quedar totalmente embriagado.
¿Digresivo?
Mmm…
¡Picollo mondo!
Alguien dijo algo así como que “La arquitectura es poesía congelada”